Ilustración científica de la bacteria Acinetobacter baumannii, cocobacilos gramnegativos

Acinetobacter baumannii: diagnóstico y resistencia

Acinetobacter baumannii es hoy uno de los patógenos nosocomiales que más preocupa a infectólogos, microbiólogos y equipos de epidemiología hospitalaria. La Organización Mundial de la Salud lo mantiene en el grupo de prioridad crítica de su lista de patógenos bacterianos prioritarios de 2024, en su presentación resistente a carbapenémicos, por la combinación de carga de enfermedad, transmisibilidad y escasez de opciones terapéuticas. Para el especialista, entender su microbiología, sus mecanismos de resistencia y las herramientas diagnósticas disponibles es una necesidad práctica, no académica.

Qué es Acinetobacter baumannii

Acinetobacter baumannii es un cocobacilo gramnegativo, no fermentador, de crecimiento aerobio estricto, que forma parte del complejo Acinetobacter calcoaceticus-baumannii, un grupo de especies genéticamente emparentadas de identificación difícil por métodos fenotípicos convencionales. Es un patógeno oportunista: rara vez causa enfermedad en personas sanas fuera del hospital, pero en el paciente crítico se convierte en un adversario formidable.

Pertenece al grupo ESKAPE, el conjunto de seis patógenos bacterianos (Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii, Pseudomonas aeruginosa y especies de Enterobacter) que concentran la mayor parte de las infecciones asociadas a la atención en salud con resistencia antibiótica.

En el laboratorio conviene recordar que la identificación rutinaria suele reportar al microorganismo a nivel de complejo. Aunque A. baumannii es el miembro de mayor relevancia clínica, especies hermanas como A. calcoaceticus, A. pittii o A. nosocomialis comparten muchas características fenotípicas, y solo los métodos moleculares o la espectrometría de masas las separan con certeza. Esta precisión taxonómica importa para la vigilancia epidemiológica y para la comparación de tasas entre instituciones.

Una de sus características más relevantes para la epidemiología hospitalaria es su resistencia ambiental: tolera la desecación y rangos amplios de pH, lo que le permite persistir sobre superficies, equipos y soluciones durante periodos prolongados. Esta capacidad de supervivencia explica su comportamiento en brotes dentro de unidades de cuidados intensivos y unidades de quemados, donde las superficies y el equipo médico actúan como reservorios.

Un patógeno modelado por el ambiente hospitalario

La trayectoria de Acinetobacter baumannii ilustra cómo el ecosistema hospitalario moderno selecciona a sus propios patógenos. Hace medio siglo era un microorganismo ambiental de baja virulencia; hoy es un problema global. La explicación combina su capacidad de sobrevivir en superficies secas donde otras bacterias mueren, su facilidad para adquirir material genético por transferencia horizontal y la presión selectiva constante de los antimicrobianos en las unidades críticas.

El resultado es un patógeno que circula entre pacientes, manos del personal, equipos de ventilación, monitorización y superficies de contacto frecuente, y que en cada eslabón puede transferir o recibir genes de resistencia. Los estudios genómicos han mostrado que la mayor parte de los aislamientos multirresistentes del mundo pertenece a un número reducido de clones exitosos, lo que significa que los brotes locales son, con frecuencia, capítulos de una pandemia silenciosa y global del mismo linaje.

Cuadros clínicos y población de riesgo

El espectro clínico de Acinetobacter baumannii es amplio, pero con patrones bien definidos:

  • Neumonía asociada a ventilación mecánica: la presentación más característica, en pacientes intubados con estancias prolongadas en UCI.
  • Bacteriemia: frecuentemente secundaria a catéteres vasculares o como extensión de un foco pulmonar o de herida; en el paciente crítico puede evolucionar a choque séptico con alta mortalidad.
  • Infecciones de heridas y quemaduras: clásicamente asociadas al paciente quemado y a heridas quirúrgicas o traumáticas complejas.
  • Infecciones urinarias: generalmente asociadas a cateterismo vesical prolongado.
  • Meningitis: menos frecuente, pero documentada sobre todo en pacientes neuroquirúrgicos o con drenajes ventriculares.

Los factores de riesgo se repiten en la literatura con consistencia: estancia prolongada en unidad de cuidados intensivos, ventilación mecánica invasiva, dispositivos intravasculares o urinarios, exposición previa a antibióticos de amplio espectro, inmunosupresión y enfermedad crítica subyacente. Las poblaciones más vulnerables, adultos mayores e inmunocomprometidos, concentran la mayor morbimortalidad.

Unidad de cuidados intensivos con ventilador mecánico y equipos de monitoreo

Mecanismos de resistencia a carbapenémicos

La resistencia a carbapenémicos es el rasgo que define la amenaza clínica actual de Acinetobacter baumannii, y su base molecular está bien caracterizada.

El mecanismo predominante es la adquisición horizontal de genes que codifican oxacillinilasas, enzimas betalactamasas de la clase D de Ambler capaces de hidrolizar carbapenémicos. Entre ellas, OXA-23 es la más extendida a nivel mundial, mientras que OXA-24 y OXA-58 dominan en regiones específicas. Las oxacillinilasas por sí solas hidrolizan carbapenémicos de manera débil, pero la inserción de secuencias ISAba1 corriente arriba del gen aporta un promotor fuerte que eleva su expresión hasta niveles de resistencia clínicamente relevantes.

A esto se suman otros mecanismos documentados:

  • Bombas de expulsión: el sistema AdeABC, de la familia RND, expulsa múltiples antibióticos. Su sobreexpresión constitutiva, por inserción de ISAba1 o por mutaciones en sus reguladores adeR y adeS, amplía la resistencia a aminoglucósidos, tetraciclinas, betalactámicos y tigeciclina.
  • Porinas: la alteración o pérdida de proteínas de membrana externa como CarO reduce la entrada del antibiótico a la célula.
  • Metalobetalactamasas: genes como blaNDM, localizados en transposones compuestos móviles como Tn125 sobre plásmidos conjugativos, han aparecido en A. baumannii, aunque con menor frecuencia que en enterobacterales.
  • Resistencia a colistina: mutaciones en sistemas de dos componentes (PmrAB, PhoPQ) que modifican el lipopolisacárido, e incluso la pérdida completa de éste, comprometen al que ha sido antibiótico de última línea. La heterorresistencia, con subpoblaciones resistentes dentro de un mismo aislamiento, complica además la interpretación del antibiograma.

Desde el punto de vista epidemiológico, gran parte de la diseminación mundial se explica por dos linajes exitosos, los clones globales 1 y 2, con el tipo de secuencia ST2 como dominante. Los estudios genómicos disponibles muestran que una proporción alta de los genomas secuenciados porta al menos un gen de resistencia a carbapenémicos, con OXA-23 como determinante mayoritario.

Colonización o infección: el dilema diagnóstico

Uno de los problemas prácticos más frecuentes con Acinetobacter baumannii es distinguir colonización de infección verdadera, sobre todo en muestras respiratorias de pacientes intubados. El microorganismo coloniza con facilidad la piel, las vías respiratorias y las superficies del entorno del paciente crítico, de modo que un cultivo positivo no equivale automáticamente a enfermedad.

La interpretación correcta exige correlacionar el hallazgo microbiológico con el cuadro clínico: fiebre, leucocitosis, nuevos infiltrados radiográficos, deterioro de la oxigenación y marcadores inflamatorios. En muestras de heridas, la cantidad y la pureza del crecimiento orientan sobre su significado. Este juicio clínico es irrenunciable: tratar colonizaciones expone al paciente a antibióticos innecesarios y selecciona resistencia, mientras que ignorar una infección verdadera en el paciente crítico tiene consecuencias inmediatas.

El diagnóstico molecular añade un matiz: la PCR detecta material genético del microorganismo con alta sensibilidad, pero no distingue por sí sola entre colonización e infección ni entre células viables y no viables. Su mayor valor está en la rapidez para identificar al patógeno y sus determinantes de resistencia, información que el equipo clínico integra con el estado del paciente.

Diagnóstico microbiológico

El diagnóstico de Acinetobacter baumannii en el laboratorio moderno se apoya en varios niveles:

1. Cultivo e identificación: el aislamiento en medios convencionales sigue siendo la base. La identificación a nivel de especie dentro del complejo calcoaceticus-baumannii requiere métodos como espectrometría de masas MALDI-TOF o técnicas moleculares, porque los perfiles bioquímicos convencionales no separan de forma confiable a los miembros del complejo. 2. Antibiograma: indispensable por la variabilidad de perfiles. La detección de heterorresistencia a colistina y la interpretación de concentraciones inhibitorias mínimas requieren atención particular en este patógeno. 3. Diagnóstico molecular: paneles de PCR multiplex permiten detectar el complejo Acinetobacter calcoaceticus-baumannii y genes de carbapenemasas directamente desde muestras clínicas, con tiempos de respuesta mucho menores que el cultivo. En el contexto de un brote o de un paciente crítico, la rapidez orienta tanto el tratamiento como las medidas de aislamiento. La identificación simultánea del patógeno y de su determinante de resistencia (por ejemplo, una carbapenemasa NDM u OXA-48-like) permite al infectólogo tomar decisiones informadas desde el primer día, en lugar de escalar antibióticos a ciegas mientras llega el antibiograma. 4. Tipificación en brotes: la investigación epidemiológica de brotes hospitalarios se apoya cada vez más en métodos moleculares y secuenciación para rastrear clones y rutas de transmisión.

En México, los paneles moleculares sindrómicos incluyen ya al complejo Acinetobacter calcoaceticus-baumannii entre sus analitos, junto con marcadores de resistencia como las carbapenemasas NDM, KPC, IMP, VIM y OXA-48-like, lo que permite al laboratorio apoyar la detección de patógenos para hospitales con resultados oportunos.

Placa de Petri con cultivo bacteriano en un laboratorio de microbiología

Control hospitalario: la otra mitad de la batalla

Ante un patógeno con opciones terapéuticas limitadas, la prevención pesa tanto como el tratamiento. Las revisiones internacionales coinciden en los pilares:

  • Higiene de manos y precauciones de contacto estrictas en pacientes colonizados o infectados.
  • Limpieza y desinfección ambiental reforzada, crítica por la tolerancia del microorganismo a la desecación.
  • Manejo cuidadoso de dispositivos: retiro temprano de catéteres y protocolos de prevención de neumonía asociada a ventilación.
  • Programas de optimización de antimicrobianos: la presión selectiva por antibióticos de amplio espectro es un motor demostrado de la resistencia.
  • Vigilancia epidemiológica activa: monitoreo de tasas, detección temprana de agrupamientos de casos e investigación molecular de brotes.
  • Aislamiento de pacientes colonizados o infectados: cohortes y cuartos individuales cuando la infraestructura lo permite, con señalización clara para el personal.
  • Educación continua del personal: los protocolos solo funcionan cuando quienes los ejecutan entienden por qué existen.

La experiencia de los hospitales que han contenido brotes muestra que ninguna medida aislada basta: los programas exitosos son paquetes que combinan varias intervenciones simultáneas, con liderazgo visible de la dirección y retroalimentación periódica de indicadores al personal.

Opciones terapéuticas ante la resistencia

Las opciones terapéuticas contra Acinetobacter baumannii resistente a carbapenémicos son limitadas y deben individualizarse con infectología. El sulbactam, un inhibidor de betalactamasas con actividad bactericida intrínseca propia contra este patógeno, es el eje de las combinaciones recomendadas, mientras que las polimixinas como la colistina cargan con restricciones de toxicidad renal y con el problema creciente de la heterorresistencia. La literatura reciente documenta también nuevas combinaciones en evaluación, pero el principio se mantiene: el tratamiento empírico debe ajustarse cuanto antes al perfil de susceptibilidad, y el manejo de estas infecciones no es terreno para la improvisación.

La lección constante de la evidencia es que ningún antibiótico sustituye a un sistema robusto de prevención, diagnóstico temprano y uso racional de antimicrobianos. Cada caso de infección por Acinetobacter baumannii multirresistente es, en el fondo, un recordatorio de que la mejor terapéutica es la que no hace falta usar.

Conclusión

Acinetobacter baumannii reúne todo lo que hace difícil a un patógeno nosocomial: supervivencia ambiental extrema, preferencia por el paciente crítico, un arsenal de mecanismos de resistencia dominado por las oxacillinilasas y una diseminación clonal global. Que la OMS lo mantenga como patógeno de prioridad crítica no es retórica: es el reflejo de que las opciones terapéuticas se agotan más rápido de lo que aparecen las nuevas. Para los hospitales, la respuesta pasa por tres ejes: diagnóstico microbiológico y molecular oportuno, control de infecciones riguroso y vigilancia continua.

En IntegraLab apoyamos a hospitales y clínicas con paneles moleculares que incluyen la detección del complejo Acinetobacter calcoaceticus-baumannii y de los principales genes de carbapenemasas, dentro de nuestro panel de patógenos respiratorios para hospitales. Si tu institución necesita fortalecer su capacidad de diagnóstico de enfermedades infecciosas, contacta con nosotros y conversemos sobre cómo apoyar a tu equipo de microbiología e infectología.

Fuentes

Frasco con muestra de orina para el examen general de orina en el laboratorio

Sedimento urinario: interpretación, correlación clínica y límites diagnósticos

El examen general de orina se solicita todos los días, pero el sedimento urinario, su tercera fase, es donde el estudio realmente habla al clínico. En el sedimento se deciden preguntas que la tira reactiva solo insinúa: si una hematuria viene del glomérulo o de la vía urinaria, si una lesión renal aguda es tubular o intersticial, si una piuria es infección o inflamación estéril. Esta nota repasa la interpretación del sedimento urinario con enfoque de correlación clínica, sus puntos débiles preanalíticos y lo que la automatización puede y no puede resolver, para el médico que firma o solicita el estudio.

Qué es el sedimento urinario y qué aporta al diagnóstico

El sedimento urinario es el conjunto de elementos formes que se concentran por centrifugación de la orina y se examinan al microscopio: células, cilindros y cristales, entre otros. Su valor no está en enumerar partículas, sino en el patrón que forman juntas. Los eritrocitos pueden ser isomórficos o dismórficos; los leucocitos más frecuentes son los neutrófilos, aunque también aparecen eosinófilos y, rara vez, linfocitos; las células epiteliales tubulares renales (RTEC) delatan daño tubular. Los cilindros se forman en túbulos distales y conductos colectores, y pueden ser acelulares, granulosos, cerosos o celulares (eritrocitarios, leucocitarios, de RTEC). Los cristales reflejan sobresaturación urinaria y su formación depende con frecuencia del pH, dato que ayuda a caracterizarlos junto con su color, morfología y birrefringencia bajo luz polarizada [1].

Leído en contexto, el sedimento orienta el síndrome renal: el sedimento nefrítico combina hematuria dismórfica con cilindros eritrocitarios; el daño tubular agudo se acompaña de RTEC y cilindros granulosos; la nefritis intersticial aguda suma leucocitos y, cuando se encuentran, cilindros leucocitarios [1]. Ninguno de estos hallazgos es diagnóstico por sí solo: la misma muestra puede mezclar señales de varios compartimentos, y la interpretación correcta exige el contexto clínico del caso.

La tira reactiva como marco, no como conclusión

La fase química sigue siendo el marco de lectura del sedimento. Los resultados de la tira, en particular el pH y la osmolalidad, deben anotarse al momento del análisis porque modifican la morfología celular: los eritrocitos se crenan en orina hiperosmolar y se hinchan en orina hipoosmolar, y los leucocitos sufren cambios equivalentes que dificultan su identificación. Los cilindros, además, tienen una supervivencia dependiente del pH y se degradan más rápido en orina alcalina [1].

Los patrones de sangre y proteína de la tira ayudan a ordenar el síndrome: en el síndrome nefrítico, la tira suele mostrar sangre moderada a intensa con proteína discreta, mientras que el predominio proteico sugiere otra vía. La esterasa leucocitaria y la sangre positivas con urocultivo negativo son una combinación reconocida en procesos inflamatorios no infecciosos, como la nefritis intersticial aguda inducida por fármacos [1]. La guía europea de urinálisis EFLM 2023 estandariza precisamente estas exigencias: especificaciones de desempeño para las tiras multiproiedad, indicadores de calidad de la toma de muestra (tasa de contaminación y densidad urinaria) y, para pacientes de alto riesgo de enfermedad renal, la medición de albúmina y alfa-1-microglobulina como detección sensible [2].

Tiras reactivas para el examen químico de orina con su tabla de colores de referencia

Sedimento organizado: células y cilindros que orientan el origen

Observación del sedimento urinario al microscopio en el laboratorio clínico

Eritrocitos dismórficos y sangrado glomerular

El sello del sangrado glomerular es el eritrocito dismórfico, en particular el acantocito (célula G1). Los eritrocitos dismórficos y los acantocitos son bastante específicos de lesión glomerular, pero poco sensibles, porque la glomerulonefritis también puede presentarse con eritrocitos isomórficos. En la revisión del AJKD, una proporción de eritrocitos dismórficos mayor al 5% del total apoya el origen glomerular, y un estudio con enfermedad glomerular probada por biopsia documentó 12.4% de acantocitos [1].

Los cilindros eritrocitarios pesan aún más. Su presencia, junto con hematuria dismórfica, define el sedimento nefrítico activo de la glomerulonefritis proliferativa, la vasculitis de pequeño vaso o la enfermedad anti-MBG. La combinación de piuria estéril o cilindros leucocitarios con eritrocitos dismórficos o cilindros eritrocitarios empuja hacia glomerulonefritis proliferativa (lúpica, vasculítica, membranoproliferativa) frente a enfermedades no proliferativas como la nefropatía por IgA; los cilindros celulares mixtos (leucocitos y eritrocitos) reflejan igualmente proliferación glomerular [1].

RTEC, cilindros granulosos y daño tubular

En la necrosis tubular aguda, el sedimento muestra células epiteliales tubulares y cilindros granulosos. Es un patrón con trampa técnica: los sistemas automatizados lo subdetectan de forma documentada. En un estudio pequeño y unicéntrico con 25 pacientes con diagnóstico clínico de necrosis tubular aguda, el sistema automatizado iQ200 identificó cilindros granulosos en solo 24% de las muestras frente a 72% con microscopía manual por nefrólogo (P<0.001), con concordancia entre métodos de apenas 40%; es un solo estudio, pero ilustra el punto débil conocido de la automatización en esta entidad [1].

Leucocitos, cilindros leucocitarios y nefritis intersticial

En la nefritis intersticial aguda el sedimento suele contener RTEC, cilindros granulosos y leucocitos con urocultivo negativo, reflejo de la lesión tubular por el proceso inflamatorio intersticial. Los cilindros leucocitarios son raros pero muy sugerentes de NIA en ausencia de pielonefritis aguda o crónica. Su sensibilidad es baja: en una serie de casos de NIA probados por biopsia, solo 3 de 21 pacientes (14%) tenía cilindros leucocitarios, mientras que más de 90% tenía otros cilindros (de RTEC, hialinos o granulosos) y 6 de 21 (28.5%) tenía cilindros eritrocitarios sin enfermedad glomerular en la biopsia. Tampoco son específicos: aparecen en glomerulonefritis proliferativa y necrosis papilar aguda. Su hallazgo debe elevar la sospecha de NIA y, en el contexto adecuado, motivar la biopsia [1].

La distinción microscópica tiene sus propias reglas: los neutrófilos miden 10 a 15 µm (los eritrocitos, unos 6 µm, y las RTEC, de 15 a 30 µm), y en orina alcalina o con lectura demorada las células degeneran y se dificulta separar núcleo de gránulos citoplasmáticos; los leucocitos pueden formar blebs que el ojo no entrenado confunde con eritrocitos dismórficos, y los cilindros leucocitarios se confunden con cilindros de RTEC [1].

Sedimento no organizado: cristales con contexto

La cristaluria es un marcador de sobresaturación urinaria por causas metabólicas, hereditarias o por exposición a fármacos. La formación de cristales depende a menudo del pH urinario, por lo que caracterizarlos exige anotar color, morfología y birrefringencia bajo polarización junto con el pH de la muestra [1]. En el contexto de lesión renal aguda, cristales de ácido úrico plantean enfermedad renal relacionada con cristales, aunque su sola presencia no establece el diagnóstico sin el cuadro clínico [1].

Fase preanalítica: donde se gana o se pierde el sedimento

El sedimento es un material vivo que se degrada. Para evitar la degradación de células y cilindros, la orina debe examinarse dentro de la primera a dos horas de la recolección, o refrigerarse de inmediato para permitir la lectura en las siguientes 8 horas. En pacientes con catéter vesical permanente, la muestra debe tomarse del tubo, no de la bolsa, porque la orina acumulada ya está envejecida [1].

La técnica también estandariza el rendimiento: 10 mL de orina centrifugados al menos 5 minutos a 1,500 rpm o más, retiro de 9.5 mL del sobrenadante, resuspensión suave del sedimento y una gota bajo cubreobjetos, con lectura de al menos 10 campos (óptimo 20) a 10x y 40x, idealmente con contraste de fases. Los bordes del cubreobjetos acumulan más cilindros y deben incluirse en la revisión [1]. La EFLM 2023 agrega a esto indicadores de calidad de la fase preanalítica, con la tasa de contaminación de cultivos y la densidad urinaria como medidores de la calidad de la recolección [2].

Automatización vs microscopía manual: qué esperar de cada una

Los sistemas automatizados de análisis de partículas (iQ200, Sysmex UF-1000i, Cobas u701, SediMax) dominan el cribado por costo y velocidad: el análisis manual toma en promedio 2.7 minutos por prueba frente a 20 segundos del automatizado.

Su desempeño es aceptable para células: en un estudio que comparó los sistemas Cobas 6500 e Iris iQ200 contra microscopía manual de técnicos de laboratorio tomada como referencia, la sensibilidad y especificidad para leucocitos fueron de 93% y 87% con Cobas 6500, y la correlación para eritrocitos y leucocitos fue buena (r=0.87 y r=0.92). En ese mismo estudio no hubo correlación para células no epiteliales patológicas (r=0.16) y fue muy pobre para cristales (r=0.46). En otra prueba con 258 muestras, la sensibilidad para cilindros patológicos fue de 39.2% con Cobas 6500 y 45.1% con UX-2000 [1].

El contraste diagnóstico es más elocuente: en un estudio pequeño y unicéntrico de 26 pacientes, el nefrólogo con microscopía manual identificó significativamente más RTEC, cilindros granulosos y eritrocitos dismórficos, y acertó el diagnóstico correcto en más de 90% de los casos, contra solo 19% cuando otro nefrólogo usó el reporte automatizado del laboratorio; es una sola experiencia, no una medida universal de desempeño [1].

La conclusión de la revisión del AJKD es directa: los sistemas automatizados ahorran tiempo y estandarizan el cribado, pero no son confiables para diagnosticar necrosis tubular aguda, glomerulonefritis, vasculitis o nefropatía por cristales; en el paciente con enfermedad renal, la decisión clínica no debe depender del urinálisis automatizado [1]. En el mismo sentido, la revisión educativa de Fogazzi y colaboradores (Pediatric Nephrology, 2025), recopilada por la Academia Nacional de Medicina de México, describe el sedimento como herramienta no invasiva, rápida y económica para el diagnóstico y la vigilancia de enfermedades renales, siempre que la muestra se recolecte, prepare y analice de forma fiable [3].

Correlación clínica: lo que el sedimento decide y lo que no

El sedimento rara vez cierra un diagnóstico solo; ordena la probabilidad y la siguiente prueba. Una hematuria con acantocitos y cilindros eritrocitarios dirige hacia glomérulo y adelanta biopsia y estudios inmunológicos; RTEC con cilindros granulosos en el paciente hospitalizado con creatinina al alza sostiene necrosis tubular y evita estudios innecesarios; leucocitos con cilindros leucocitarios y cultivo negativo ponen la NIA sobre la mesa. A la inversa, un sedimento sin hallazgos no descarta enfermedad: en la serie de NIA probadas por biopsia citada, los cilindros leucocitarios estuvieron ausentes en la mayoría de los casos, y la hematuria glomerular puede ser isomórfica [1].

Por eso la lectura correcta del sedimento urinario es sindrómica y probabilística: patrón de sedimento, tira química, contexto clínico y, cuando procede, urocultivo y biopsia. Integrar esas cuatro piezas es lo que convierte una prueba de rutina en una herramienta diagnóstica de primer nivel en la práctica del especialista.

Referencias

1. Cavanaugh C, Perazella MA. Urine Sediment Examination in the Diagnosis and Management of Kidney Disease: Core Curriculum 2019. Am J Kidney Dis. 2019. 2. Kouri T, Hofmann W, Falbo R, et al. The EFLM European Urinalysis Guideline 2023. 3. Fogazzi GB, Garigali G, Abinti M, et al. Un enfoque actualizado para la evaluación del sedimento urinario. Pediatr Nephrol 40, 933-945 (2025), recopilado por la Academia Nacional de Medicina de México.

IntegraLab pone su catálogo de estudios de laboratorio al servicio del diagnóstico del especialista y publica notas técnicas como la del choque séptico y sus tiempos de laboratorio.

Laboratorista revisando frascos de hemocultivo ante sospecha de choque séptico

Choque séptico: diagnóstico de laboratorio y tiempos que importan

El choque séptico es la expresión más grave de la sepsis y una de las emergencias que más exigen al sistema hospitalario: la mortalidad aumenta con cada hora que pasa sin tratamiento adecuado, y gran parte de las decisiones de esa primera hora dependen del laboratorio. Para el médico tratante, el laboratorio no es un apoyo secundario en este escenario; es la fuente de datos que confirma la hipoperfusión, identifica al patógeno y orienta la terapia antimicrobiana. Este artículo repasa la definición actual del choque séptico, los estudios que deben solicitarse sin demora y el lugar que ocupan hoy las técnicas de diagnóstico molecular.

Definición actual: de la sepsis al choque séptico

Las definiciones de consenso Sepsis-3, publicadas en 2016, ordenaron un terreno que durante años se manejó con criterios heterogéneos. La sepsis se define como una disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del huésped a la infección; en la práctica clínica, la disfunción orgánica se identifica con un incremento agudo de dos o más puntos en la escala SOFA.

El choque séptico es un subconjunto de la sepsis en el que las alteraciones circulatorias y del metabolismo celular son lo bastante profundas para aumentar de forma sustancial la mortalidad. Su criterio operativo combina dos elementos tras una resucitación adecuada con volumen: la necesidad de vasopresores para mantener una presión arterial media igual o superior a 65 mmHg, y una concentración de lactato sérico superior a 2 mmol/L. Ambos datos, nótese, provienen del laboratorio y del monitoreo hemodinámico, no de la exploración física aislada.

Fisiopatología en breve

En la sepsis, la respuesta inflamatoria que debería contener la infección se vuelve sistémica y desregulada. El endotelio se activa y pierde su función de barrera, se generan microtrombos, aumenta la permeabilidad capilar y cae la presión de perfusión. En paralelo, el metabolismo celular se altera: incluso con oxígeno disponible, las células no lo utilizan de manera eficiente. El resultado es hipoperfusión tisular con acumulación de lactato, y de ahí el valor de este analito como marcador de gravedad. Cuando la vasodilatación y la disfunción miocárdica superan la capacidad compensadora, se instala el choque séptico.

El tiempo como variable diagnóstica: la primera hora

Las guías internacionales de la Surviving Sepsis Campaign, cuya edición vigente es la de 2026, publicada en marzo de ese año y actualización de la de 2021, insisten en que la sepsis y el choque séptico son urgencias médicas: el tratamiento y la reanimación deben comenzar de inmediato. Sus recomendaciones sobre tiempos, emitidas como enunciados individuales con grado de certeza, marcan tres escenarios para los antimicrobianos: en el choque séptico, y también en la sepsis probable o definitiva aunque no haya choque, se recomienda administrarlos de inmediato, idealmente dentro de la primera hora desde el reconocimiento. Solo en la sepsis posible sin choque cabe una investigación rápida y limitada en el tiempo, y si la preocupación por infección persiste, los antimicrobianos se administran dentro de las tres horas desde que se sospechó la sepsis. En el choque séptico no hay ventana de espera.

Sobre los hemocultivos, la edición 2026 recomienda obtenerlos lo antes posible e idealmente antes de los antimicrobianos, de modo que la toma no demore el tratamiento; ediciones anteriores lo operativizaban como un retraso no sustancial, del orden de 45 minutos, entendido siempre como límite y no como espera permitida. Las medidas iniciales incluyen además medir el lactato sérico y repetirlo si es elevado, iniciar cristaloides ante hipoperfusión o choque, la guía sugiere al menos 30 mL/kg en las primeras tres horas, individualizando y con reevaluación frecuente, y aplicar vasopresores si la hipotensión persiste, con una meta inicial de presión arterial media de 65 mmHg.

Conviene una aclaración documental: antes de esta edición, la campaña había empaquetado las medidas iniciales en el llamado paquete de la primera hora, un documento de implementación de 2018 que luego adoptaron programas de calidad hospitalaria; ese empaque no es la guía clínica misma. Estudios de cohortes han asociado cada hora de retraso en el inicio de antimicrobianos adecuados con peor pronóstico, aunque la magnitud exacta de esa relación sigue discutiéndose metodológicamente. Lo que no se discute es la dirección: antes es mejor. Esta relación tiempo-resultado convierte al laboratorio en un actor de urgencias: no basta con procesar las muestras, hay que procesarlas rápido, con prioridad explícita sobre la carga rutinaria.

Estudios de laboratorio iniciales

Ante la sospecha de choque séptico, la batería inicial persigue tres objetivos: documentar la disfunción orgánica, cuantificar la hipoperfusión y capturar al patógeno antes de que los antimicrobianos esterilicen las muestras.

  • Hemocultivos: dos o tres series obtenidas por venopunción separada, lo antes posible e idealmente antes de los antibióticos, de modo que la toma no demore el inicio del tratamiento. Son el estándar para documentar bacteriemia y disponer después de antibiograma.
  • Lactato sérico: marcador central de hipoperfusión y pronóstico; su normalización guía la reanimación.
  • Biometría hemática: leucocitosis o leucopenia, trombocitopenia como dato de gravedad y de coagulación intravascular.
  • Química sanguínea: función renal y hepática para valorar disfunción orgánica; la creatinina y la bilirrubina alimentan la escala SOFA.
  • Tiempos de coagulación: TP, TTPa, fibrinógeno y dímero D ante la posibilidad de coagulación intravascular diseminada.
  • Gases arteriales y electrolitos: estado ácido-base, oxigenación y trastornos hidroelectrolíticos.
  • Procalcitonina y proteína C reactiva: biomarcadores de respuesta inflamatoria bacteriana.
  • Cultivos del foco sospechado: orina, secreción respiratoria, líquidos o tejidos según el origen clínico.
Tubos de muestra de sangre en un laboratorio de análisis clínicos

Diagnóstico microbiológico: del cultivo a la identificación rápida

El flujo clásico del hemocultivo toma tiempo: el frasco se incuba en sistemas automatizados que detectan el crecimiento bacteriano, y solo entonces se hace la tinción de Gram, el subcultivo, la identificación y el antibiograma. En condiciones estándar, la identificación definitiva puede tardar de dos a tres días.

Las tecnologías actuales acortan ese circuito. La espectrometría de masas MALDI-TOF identifica especies en minutos a partir de colonias o de suspensiones de hemocultivo positivo. Los paneles moleculares multiplex aplicados directamente sobre frascos positivos identifican los patógenos más frecuentes y varios genes de resistencia en alrededor de una hora desde la positivización, permitiendo ajustes de la terapia empírica mucho antes de que el antibiograma convencional esté disponible.

Diagnóstico molecular y detección de resistencia

La biología molecular ha cambiado el pronóstico diagnóstico de las infecciones graves. Los paneles de PCR multiplex detectan simultáneamente decenas de patógenos y marcadores de resistencia, como mecA para resistencia a meticilina o carbapenemasas como KPC, directamente desde muestras clínicas o hemocultivos positivos. Su valor en el choque séptico es doble: confirman el agente cuando el cultivo aún no crece y anticipan resistencias que condicionan la elección del antimicrobiano.

Sus límites también deben reconocerse: detectan solo los objetivos incluidos en el panel, no distinguen siempre entre infección activa y colonización, y no sustituyen al cultivo, porque la sensibilidad completa a antimicrobianos requiere el antibiograma fenotípico. La lectura correcta es integrar ambos mundos: la rapidez molecular para las primeras decisiones y el cultivo para confirmar y afinar.

Biomarcadores: qué aportan y qué no

La procalcitonina es el biomarcador más usado en este contexto. Sus niveles se elevan de manera preferente en infecciones bacterianas sistémicas, ayudan a diferenciar etiologías y, en algoritmos validados, apoyan la decisión de suspender antimicrobianos al descender. La proteína C reactiva es sensible pero menos específica. El lactato, aunque no es un biomarcador infeccioso, sigue siendo el mejor correlato accesible de hipoperfusión tisular y su cinética guía la reanimación. Otros marcadores, como la presepsina o la interleucina 6, se estudian y se usan en algunos centros, sin haber desplazado a los anteriores. Ningún biomarcador, por sí solo, confirma o descarta sepsis: se interpretan dentro del cuadro clínico. Las guías de 2026 lo fijan como principio explícito: la sepsis es un diagnóstico clínico que no se confirma ni se descarta con una sola prueba.

Escalas y datos de laboratorio en la valoración de gravedad

La escala SOFA integra parámetros de laboratorio, como creatinina, bilirrubina, plaquetas y gases, con datos clínicos para cuantificar la disfunción orgánica. Para el cribado en el paciente hospitalizado, la edición 2026 de las guías recomienda escalas como NEWS o MEWS por encima del qSOFA como herramienta única; el qSOFA, muy sencillo de cabecera, queda como referencia de mal pronóstico, no como tamiz exclusivo. Ninguna escala sustituye al juicio clínico. En el seguimiento, la tendencia del lactato, la función renal y las plaquetas ofrece una lectura casi horaria de la evolución.

Equipo de PCR en tiempo real para diagnóstico molecular en choque séptico

El laboratorio en el seguimiento del choque séptico

Superada la primera hora, el laboratorio sigue marcando el paso: hemocultivos de control cuando el caso lo amerita, lactato seriado hasta su normalización, procalcitonina para valorar desescalamiento de antimicrobianos, y vigilancia de la función renal y hepática que condiciona dosis y elección de fármacos. El desescalamiento antimicrobiano guiado por la identificación microbiológica y el antibiograma es una de las intervenciones con mayor impacto en el uso racional de antibióticos.

El papel del laboratorio de referencia

No todo hospital cuenta con procesamiento molecular propio ni con cobertura completa de microbiología las veinticuatro horas. En ese contexto, un laboratorio de referencia puede dar acceso a pruebas especializadas sin inversión en infraestructura, siempre que la logística de muestras cuide los tiempos: en sepsis, un resultado excelente que llega tarde pierde valor clínico. La estabilización adecuada de las muestras, la cadena de custodia y los tiempos de respuesta acordados son tan decisivos como la tecnología misma.

Del síndrome al diagnóstico etiológico: el foco infeccioso

La sepsis es un síndrome, no un diagnóstico etiológico. Detrás del choque séptico hay siempre una infección concreta: neumonía, infección urinaria, peritonitis, infección de catéter, infección de piel y partes blandas o bacteriemia primaria. Identificar el foco cambia el tratamiento: condiciona la elección del antimicrobiano empírico, la necesidad de drenaje o control del foco y el pronóstico. Por eso la toma de cultivos no se limita a la sangre: orina, secreciones respiratorias, líquidos corporales y tejidos se cultivan según la sospecha clínica, idealmente antes de los antimicrobianos, y las imágenes orientan dónde buscar.

Hemocultivos: la técnica que determina el resultado

La calidad de un hemocultivo se decide en la toma. El volumen de sangre inoculado por frasco es el factor que más influye en la sensibilidad, porque la bacteriemia del adulto suele ser de baja carga. La desinfección rigurosa de la piel y del tapón del frasco reduce las contaminaciones, que generan resultados falsos positivos, días de antibióticos innecesarios y estancias prolongadas. Dos o tres series de venopunciones separadas documentan la bacteriemia continua típica de la sepsis y ayudan a distinguir patógeno de contaminante. Y un principio que no se negocia: los hemocultivos se obtienen antes de los antimicrobianos solo cuando eso no demora el tratamiento; en el choque séptico, el antibiótico no espera.

Sepsis con cultivos negativos y paneles sindrómicos

Una proporción relevante de pacientes con sepsis nunca tiene un cultivo positivo, por antimicrobianos previos, baja carga bacteriana o patógenos difíciles de cultivar. Aquí los paneles sindrómicos de PCR multiplex aportan un valor particular: desde sangre completa, muestras respiratorias o líquido cefalorraquídeo, detectan los ácidos nucleicos de los patógenos incluidos en el panel, con resultados en horas. Su interpretación exige juicio clínico, porque un hallazgo molecular no siempre equivale a infección activa y un resultado negativo no descarta patógenos fuera del panel. Bien usados, acortan el tiempo hasta el diagnóstico etiológico y soportan el ajuste temprano de la terapia.

El laboratorio y el uso racional de antimicrobianos

El choque séptico justifica el inicio empírico amplio, pero el objetivo es estrechar el espectro lo antes posible. Los programas de optimización de antimicrobianos dependen del laboratorio para ese desescalamiento: identificación rápida, antibiograma oportuno y biomarcadores de evolución permiten retirar fármacos con seguridad, reducir toxicidad y frenar la selección de resistencias. El informe de resultados con comentarios interpretativos y la comunicación directa de valores críticos al equipo tratante completan el rol del laboratorio como socio clínico, no solo como procesador de muestras.

Situaciones especiales: inmunosupresión y sepsis nosocomial

En el paciente inmunosuprimido, el trasplantado, el neutropénico, el usuario de catéteres permanentes, el choque séptico cambia de rostro. El abanico etiológico se amplía a patógenos oportunistas, hongos y bacterias multirresistentes; la fiebre puede ser el único signo inicial, y la ventana para actuar es más estrecha. La microbiología molecular gana aquí protagonismo: paneles específicos para patógenos oportunistas, detección de resistencias y estudios de infección asociada a dispositivos. En la sepsis nosocomial, el conocimiento de la flora local y de los patrones de resistencia del propio hospital, otro producto del laboratorio, orienta la terapia empírica mejor que cualquier esquema genérico.

Puntos clave para el equipo tratante

  • En el choque séptico: lactato, hemocultivos sin demorar el tratamiento y antimicrobianos de inmediato, idealmente dentro de la primera hora desde el reconocimiento.
  • El lactato guiando la reanimación y los parámetros de laboratorio alimentando la escala SOFA.
  • Técnica impecable de hemocultivos: volumen adecuado, desinfección rigurosa, series separadas.
  • Diagnóstico molecular para rapidez, cultivo y antibiograma para confirmación.
  • Procalcitonina como apoyo en la duración de la terapia, nunca como criterio aislado.
  • Laboratorio de referencia con tiempos de respuesta comprometidos cuando no hay capacidad interna.

Conclusión

El choque séptico se combate con reloj y con datos. La definición Sepsis-3 lo ancla a dos mediciones objetivas, la primera hora concentra las acciones que cambian el pronóstico, y el laboratorio atraviesa todo el proceso: lactato y función orgánica para la gravedad, hemocultivos para la etiología, paneles moleculares para la rapidez y biomarcadores para el seguimiento. Para el equipo tratante, elegir bien qué estudios pedir, cuándo pedirlos y dónde procesarlos es parte del tratamiento mismo.