El examen general de orina (EGO), también llamado urianálisis o análisis de orina, sigue siendo una de las pruebas de mayor rendimiento clínico por su costo. En una sola solicitud, y por un precio bajo, ofrece una lectura simultánea de la función renal, el estado metabólico, la hidratación y la presencia de infección o sangrado en la vía urinaria. Para el médico especialista su valor no está en pedirla de rutina, sino en saber exactamente qué dice cada una de sus tres fases y dónde están sus límites. Este artículo repasa la estructura del EGO, la interpretación de sus parámetros y los errores preanalíticos que más lo distorsionan.
Qué es el examen general de orina
El examen general de orina es la evaluación de una muestra de orina en tres planos complementarios: el examen físico, el examen químico (habitualmente por tira reactiva) y el examen microscópico del sedimento. La enciclopedia médica MedlinePlus lo define en los mismos términos: una evaluación física, química y microscópica de la orina.
Su alcance es amplio por diseño. La orina es un ultrafiltrado del plasma modificado por la función tubular, de modo que su composición refleja al mismo tiempo procesos renales (filtración, concentración, acidificación), procesos sistémicos (glucemia, cetonuria, bilirrubinas) y procesos locales de la vía urinaria (infección, inflamación, sangrado, litiasis). Esa triple lectura explica su permanencia como estudio de primera línea: pocas pruebas informan tanto con una muestra no invasiva.
Las indicaciones clásicas incluyen el estudio de síntomas urinarios (disuria, polaquiuria, hematuria), la evaluación de fiebre sin foco, el control de diabetes y su daño renal, la hipertensión, los padecimientos renales conocidos, el embarazo y la valoración preoperatoria. Lo que el EGO no es: una prueba diagnóstica por sí sola. Sus hallazgos orientan; rara vez cierran un diagnóstico sin correlación clínica ni estudios complementarios.
Primera fase: examen físico
El examen físico se hace a simple vista y con tiras de densidad o refractómetro. Aporta más de lo que suele suponerse:
- Color: la orina normal es amarilla por el urocromo. Una orina muy clara sugiere ingesta hídrica alta o incapacidad de concentración; una oscura, concentración o presencia de bilirrubina; una rojiza, hematuria, hemoglobinuria, mioglobinuria o efectos de fármacos y alimentos (la remolacha es el clásico falso positivo visual).
- Aspecto: la turbidez sugiere leucocitos, bacterias, cristales o contaminación vaginal. Una orina clara no excluye infección; una turbia no la confirma. El juicio se reserva para la microscopía.
- Densidad o gravedad específica: aproxima la osmolalidad y, con ella, la capacidad de concentración tubular. Densidades bajas y fijas (isostenuria) son un dato temprano de daño tubular; densidades altas acompañan deshidratación o glucosuria importante.
- Olor: rara vez decisivo, pero la orina con olor amoniacal intenso acompaña estasis y ciertas infecciones; el olor dulzón orienta a cetonuria.
Segunda fase: examen químico por tira reactiva
La tira reactiva cuantifica de manera semicuantitativa un panel de analitos en segundos. Su interpretación ordenada evita pasar hallazgos por alto:
- pH: la orina normal oscila entre 4.5 y 8. Un pH persistentemente alcalino con infección sugiere bacterias ureolíticas (Proteus) y litiasis de estruvita; un pH ácido acompaña acidosis metabólica, cetoacidosis y dieta hiperproteica. También condiciona qué cristales pueden formarse.
- Proteínas: la tira detecta principalmente albúmina. Una proteinuria positiva persistente obliga a cuantificar (relación albúmina/creatinina o proteinuria de 24 horas) porque es marcador precoz de enfermedad renal crónica y de riesgo cardiovascular. Causas transitorias benignas (fiebre, ejercicio intenso, ortostatismo) deben descartarse antes de etiquetar daño renal.
- Glucosa: la glucosuria aparece cuando la glucemia supera el umbral tubular (alrededor de 180 mg/dL en la mayoría) o cuando hay defecto tubular de reabsorción. Es hallazgo cardinal de diabetes descompensada; con glucemia normal, orienta a glucosuria renal o síndrome de Fanconi.
- Cetonas: junto con la glucosa, definen la cetoacidosis diabética; aisladas, acompañan ayuno prolongado, vómitos y dietas muy bajas en carbohidratos.
- Sangre (hemoglobina): la tira reacciona a eritrocitos intactos, hemoglobina libre y mioglobina. Una tira positiva sin eritrocitos en el sedimento obliga a pensar en hemoglobinuria o mioglobinuria (rabdomiólisis), no en hematuria.
- Leucocito esterasa y nitritos: la pareja de la infección urinaria. La esterasa leucocitaria marca piuria; el nitrito indica bacterias reductoras de nitratos (las enterobacterias habituales). Nitrito negativo no excluye infección: enterococos y otros patógenos no reducen nitratos, y la orina recién emitida no ha tenido tiempo de conversión.
- Bilirrubina y urobilinógeno: la bilirrubina urinaria positiva indica colestasis o daño hepatocelular antes de que la ictericia sea evidente; el urobilinógeno elevado acompaña hemólisis y hepatitis.
- Densidad (también reportada por tira): ya comentada en la fase física.

Tercera fase: examen microscópico del sedimento
El sedimento, obtenido por centrifugación de la muestra, es donde el EGO se vuelve morfológico. Su lectura sistemática incluye:
- Leucocitos: confirman la piuria sugerida por la tira; su cantidad se reporta por campo de alto poder.
- Eritrocitos: la hematuria se confirma aquí. La morfología eritrocitaria (dismórficos vs. isomórficos) orienta el origen glomerular o no glomerular del sangrado, una de las bifurcaciones diagnósticas más útiles del urianálisis.
- Células epiteliales: escamosas en abundancia señalan contaminación de la muestra (toma deficiente) más que patología; tubulares sugieren daño tubular.
- Cilindros: moldeados en el túbulo, son la biopsia líquida de la nefrona. Hialinos pueden ser fisiológicos tras ejercicio; granulosos, leucocitarios, eritrocitarios y cerosos hablan de enfermedad renal parenquimatosa activa. El cilindro eritrocitario es prácticamente patognomónico de glomerulonefritis.
- Cristales: ácido úrico, oxalato cálcico, fosfatos amorfos, cistina. Algunos son hallazgos sin trascendencia; la cistinuria y los cristales de oxalato abundantes con cólico orientan a litiasis.
- Bacterias y levaduras: bacteriuria con piuria refuerza infección; bacteriuria sin piuria sugiere contaminación o bacteriuria asintomática, que no siempre se trata. Levaduras (Candida) exigen correlación clínica.
- Parásitos y otros: Trichomonas en mujeres sintomáticas; espermatozoides como hallazgo incidental.

Valores de referencia y lectura ordenada del reporte
Un reporte completo de examen general de orina debe traer las tres fases descritas, y conviene leerlo siempre en el mismo orden para no dejar cabos sueltos: primero lo físico (color, aspecto, densidad), después la tira (pH, proteínas, glucosa, cetonas, sangre, leucocito esterasa, nitritos, bilirrubina, urobilinógeno) y al final el sedimento (células, cilindros, cristales, microorganismos, reportados por campo). Cuando un parámetro de la tira y la microscopía se contradicen, la explicación suele ser preanalítica o metodológica, no clínica: una tira de sangre positiva con sedimento sin eritrocitos no es hematuria, y unas bacterias abundantes sin piuria apuntan más a contaminación que a infección. Leer el reporte como una sola pieza, y no analito por analito, es la disciplina que evita conclusiones falsas.
El EGO en escenarios clínicos concretos
La interpretación del examen general de orina cambia según la pregunta clínica. En sospecha de infección urinaria, la combinación leucocito esterasa positiva, piuria confirmada y sintomatología justifica tratamiento empírico mientras el urocultivo define agente y sensibilidad; el EGO solo no sustituye al cultivo, y el cultivo sin EGO pierde contexto. En el paciente diabético, la proteinuria persistente es la alarma de nefropatía incipiente y exige cuantificación y control metabólico y tensional estricto. En fiebre sin foco del anciano, el EGO orienta, pero la bacteriuria asintomática es tan prevalente en ese grupo que tratar solo el laboratorio, sin clínica, es un error reconocido. En el estudio de hematuria, el sedimento con eritrocitos dismórficos y cilindros dirige a nefrología; la hematuria de eritrocitos isomórficos, sobre todo en mayores de 40 años, exige descartar patología urológica con imagen y endoscopia.
Situaciones especiales: embarazo y pediatría
En el embarazo, el EGO tiene un peso particular: la bacteriuria asintomática se busca y se trata de forma sistemática porque, de no hacerlo, se asocia a infección ascendente, parto prematuro y bajo peso al nacer; es uno de los pocos escenarios donde tratar un laboratorio sin síntomas está indicado. La proteinuria en la segunda mitad de la gestación, junto con hipertensión, es el dato de alarma de la preeclampsia y cambia la conducción del embarazo.
En pediatría la toma de muestra es el reto: las bolsas colectoras contaminan con frecuencia y una tira positiva en bolsa debe confirmarse con muestra por sonda o punción suprapúbica antes de atribuir infección, sobre todo en lactantes febriles. La primera infección urinaria confirmada en menores suele ameritar estudio de la vía urinaria para descartar reflujo y malformaciones.
Fase preanalítica: donde se pierde la calidad del EGO
La mayoría de los resultados engañosos del examen general de orina nacen antes del laboratorio. Los puntos críticos:
- Toma correcta: primera orina de la mañana cuando se busca concentración máxima, o muestra fresca aleatoria según indicación; chorro medio tras higiene, para evitar contaminación de flora cutánea y vaginal.
- Tiempo hasta el análisis: la orina se degrada rápido. Las bacterias se multiplican, los cilindros y células se lisan, el pH sube. La referencia práctica es procesar dentro de las dos horas siguientes a la emisión, o refrigerar si no es posible.
- Recipiente limpio y seco: restos de jabón o desinfectante alteran la tira y la microscopía.
- Registro de medicación y dieta: fármacos como la rifampicina tiñen la orina; la vitamina C en dosis altas puede falsear glucosa, sangre y nitritos.
Un EGO con resultados contradictorios con la clínica merece, antes que cualquier conclusión, la pregunta por la toma y el tiempo de procesamiento.
La misma lógica de lectura integrada aplica al resto de la química clínica: en nuestro artículo sobre la biometría hemática y cómo se interpreta revisamos el otro estudio de primera línea que acompaña al EGO en casi toda valoración inicial.
EGO y urocultivo: la pareja correcta
Ninguna discusión sobre el examen general de orina está completa sin su relación con el urocultivo. El EGO responde rápido si hay inflamación e infección probable; el urocultivo responde lento pero con nombre y sensibilidad del patógeno. La práctica eficiente los encadena: EGO de inmediato para decidir conducta inicial, cultivo cuando la infección es complicada, recurrente, en embarazo, en hombres, en niños o cuando el tratamiento empírico falla. Pedir cultivo ante todo EGO alterado sobrediagnostica contaminaciones; no pedirlo nunca deja ciega la terapia dirigida. El criterio clínico decide, y el laboratorio debe facilitar ambas piezas con trazabilidad de la misma muestra.
Qué no puede decir el examen general de orina
Conviene cerrar con sus límites. El EGO no cuantifica la función renal (para eso están creatinina y depuración), no identifica el patógeno ni su sensibilidad (eso es el urocultivo), no distingue por sí solo infección alta de baja y no descarta enfermedad renal temprana cuando es normal: la microalbuminuria incipiente no la detecta la tira convencional. Su lugar correcto es el de primer filtro de alto rendimiento: orienta la conducta, define qué estudios pedir después y, bien leído, ahorra tiempo diagnóstico. En el laboratorio de análisis clínicos moderno sigue siendo, por rendimiento y costo, una de las pruebas más solicitadas, como describimos en nuestra nota sobre el laboratorio integral de análisis clínicos.
Para el médico que coordina estudios de gabinete con un laboratorio de apoyo, el EGO bien procesado y reportado con sedimento completo es una herramienta de decisión diaria. Si tu servicio necesita un laboratorio de referencia que garantice tiempos de procesamiento preanalítico controlados y reportes con los tres componentes, conversemos.


